84. El celibato de Calvino


          Ed Gain, el asesino caníbal de Wisconsin, no nació en Wisconsin, sino en Duluth, Minnesota. De allí salió a los dieciocho años, en 1955, rumbo al sur con su maleta de vanadio y dos docenas de huevos duros como piñones. A los quince años ya se había comido viva a su prima carnal Abigail de cuatro años y un año después al Sargento de West Point, Doug Nash, al que primero mató con un hacha pequeñita. Hasta que salió de Duluth no mató ni se comió a nadie más, que se sepa. De camino a Wisconsin, a donde se dirigía para trabajar en el rancho de una hermana de su madre, se comió a dos chicas de un coro de gospel, a las que mató con una machota nueva, y poco antes de llegar, al dueño de un bar de carretera llamado Curt Bennet, al que estranguló y violó, por ese orden. Ya en Wisconsin, más concretamente cerca de Madison, donde se encontraba el rancho de tía Paulette, lo primero que hizo al verla fue pegarle un tiro y comérsela. En los siguientes seis años mató y se comió a trescientos veinticinco ciudadanos de Wisconsin. No era un buen chico este Ed Gain. Se diría que era una mala persona. En su confesión, que quiso hacer por escrito, cometió innumerables faltas de ortografía y durante la vista eructó y ventoseó sin el menor recato.