En la enagua de Alfonsina vive una familia de palabras muy blancas y muy almidonadas. Han quedado adheridas allí sin que Alfonsina se dé cuenta. A veces el viento de otoño le desprende alguna y se la lleva en volandas por encima de las olas hacia alguna isla solitaria. La familia de palabras se va haciendo más y más numerosa con el paso de los días. Les gusta jugar al escondite entre los pliegues, y se balancean divertidas con el cadencioso caminar de Alfonsina. Les encanta cuando la niña las lleva de paseo por la orilla de la playa. Algunas gotitas saladas se entremezclan con ellas y entonces se ponen a hablar de versos y de peces. Nube, Esperanza y Horizonte casi nunca se separan. Otras que siempre están charla que te charla son Luz, Lluvia y Azucena. A Sol, Amor y Amistad les gusta caminar en solitario, como a Soledad, Sueño y Arco Iris. Alegría, Risa y Sonrisa son hermanas y andan siempre detrás de Corazón, Vino y Valor. Alfonsina a veces, cuando se sienta a leer bajo el limonero en las quietas tardes del verano, oye un rumor, un susurro de algarabía que siente cercano, como si un enjambre de sonidos dulces y envolventes le hiciera cosquillas en las rodillas.
27. El collar de Artemisa
En la enagua de Alfonsina vive una familia de palabras muy blancas y muy almidonadas. Han quedado adheridas allí sin que Alfonsina se dé cuenta. A veces el viento de otoño le desprende alguna y se la lleva en volandas por encima de las olas hacia alguna isla solitaria. La familia de palabras se va haciendo más y más numerosa con el paso de los días. Les gusta jugar al escondite entre los pliegues, y se balancean divertidas con el cadencioso caminar de Alfonsina. Les encanta cuando la niña las lleva de paseo por la orilla de la playa. Algunas gotitas saladas se entremezclan con ellas y entonces se ponen a hablar de versos y de peces. Nube, Esperanza y Horizonte casi nunca se separan. Otras que siempre están charla que te charla son Luz, Lluvia y Azucena. A Sol, Amor y Amistad les gusta caminar en solitario, como a Soledad, Sueño y Arco Iris. Alegría, Risa y Sonrisa son hermanas y andan siempre detrás de Corazón, Vino y Valor. Alfonsina a veces, cuando se sienta a leer bajo el limonero en las quietas tardes del verano, oye un rumor, un susurro de algarabía que siente cercano, como si un enjambre de sonidos dulces y envolventes le hiciera cosquillas en las rodillas.
26. Recuerdos de ultramar
La punta de un alfiler es una vasta superficie brillante donde se enfrentan minúsculos caballeros. En su afán de victoria dilapidan sus fortunas y disponen de la vida de sus vasallos, a los que dirigen a una muerte inútil, huérfana de gloria. La punta de un alfiler es también un lugar inhóspito, donde tan solo se distingue en el horizonte algún monasterio en el que monjes harapientos oran sin cesar mientras recolectan la miseria de su huerto. La baja Edad Media se asienta en la punta de un alfiler como la Prehistoria reside en el iris elongado de los gatos. El Tiempo busca refugios, escondites, perseguido por la Distancia que no cesa su asedio al sempiterno reloj de la Historia. El Renacimiento, tan propenso a las veleidades del Arte, se aloja en el azogue de cualquier espejo veneciano. Mi tiempo, tu tiempo, se halla en proceso de búsqueda. ¿Acabará buscando refugio en la recámara de un revólver? ¿En un fino tacón de charol rojo? ¿En un beso al amanecer?
25. Saurios
Cierta y nocturna mañana de un abrileño mes de octubre recibí un paquete sin remitente que alarmó grandemente mi sosegado y pulcro bienestar hogareño. Al comenzar a abrirlo, no sin sentir un escalofrío descendente desde la nuca al recto, reparé en que todas las estatuas de los palacios de Venecia dirigen su mirada hacia puntos opuestos adonde se halla erigido il Campanile. Cuando esto me contaron los buzos de bajura de la isla de San Gregorio lo eché en saco roto, en pozo de olvido. No pensé jamás de nuevo en ello. Pero ahora el hecho cobraba una nueva dimensión que, sin duda, cambiaría mi percepción de las cosas. Aparté el paquete, retiré el mantel de la mesa, dispuse mis utensilios de trabajo y me corté una capa negra de fina estameña que me quedaba perfectamente, dándome un aire decimonónico y esnob, decadente y dandy. Una vez dispuesto en mi landó ordené al cochero me condujera al club, donde Lord Applewood y Lady Applewood iban a recitar unos sonetos inéditos de Claridge, encontrados en su residencia, más concretamente en su alacena, tras unos tarros de confitura de batata albana. En el club encontré, además, al astronauta Effing, al talador Douglas, al fonopeda Tillson, al especiero Burmann, al mago Fizz, a la tasadora Isobel, al eunuco Tonino, al zapatero Castellani, al ciclista Simonetto, a la zahorí Gisella y al encofrador Eusebio.
24. El honor de Sandie Shaw
Pipino, padre de Carlomagno, medía 137 centímetros. Plinio, autor de la famosa Historia Natural, cayó por el cráter del Vesubio y murió. El papa Juan XI gustaba de pintar aves con sus largas uñas, a las que dejaba crecer y crecer para tal fin. Hugo Von Hofmmansthal era asiduo al café Procope de París en donde siempre pedía una copa de ajenjo a la que añadía un botón de porcelana de una blusa de su madre. Lina Sarastavja, primera bailarina del ballet Bolshoi entre los años 1916 y 1917, fue madre de veintidós hijos, todos vivos y todos varones. Charles Bourges, alcalde de la ciudad francesa de Angers durante los tiempos de la ocupación alemana, coleccionaba batutas robadas, llegando a tener dos al final de su vida. Sarita Yanes, hija de Sebatian Yanes, el insigne comediógrafo boliviano, se casó con el hombre más pobre del Perú, el poeta Segismundo Expósito. Boris Illich Kalkuin escapó de un campo de trabajo en Siberia el 4 de febrero de 1951 a las 16.40; a las 16.41 le pegaron un tiro; murió en Siberia el 4 de febrero de 1951 a las 16.42. Toro Loco (Crazy Bull) era el hermano menor de Toro Sentado (Sitting Bull); huyó de la reserva a la edad de setenta años, llegando hasta Canadá, donde se estableció en Bubble Canyon; allí montó una cadena de ferreterías, todas ellas muy bien surtidas, sí señor.
23. La Horda Dorada
Cuando me doctoré en el Instituto de Investigación de Metales No Ferrosos de Pekín no sabía qué hacer. Mi padre siempre quiso que fuera novillero y mi madre, estraperlista. Estaba ofuscado, sin dinero, a las afueras de Pekín, hambriento y con mi título de Doctor. Muy a mi pesar pensé en enamorarme de alguien, en transcribir mis afectos a un idioma erótico de fácil comprensión para aquellas jóvenes orientales que, montadas en sus bicicletas, me sonreían en cada esquina. Y así fue cómo me casé con Siu Li, muchacha dulce como un colibrí garrapiñado, prudente como los relojeros de Dresde, de una belleza tenue como el ámbar gris, y ligera como su bicicleta. Trabajaba en la manufactura de peonzas, y yo daba clases de castellano en la universidad a un nutrido grupo de funcionarios sordomudos. Tenemos un hijo llamado Lu-hi Matallana. Pero no soy feliz y pienso acabar con mi vida el jueves. Aquí no hay futuro, y en mi país huele cada día más a pis. Siu Li se está poniendo gorda como las adivinas de la antigua Bizancio, despótica como el sátrapa de los bosques, indecente como una canzonetista sarda. Lu-hi es tonto.
22. Multipropiedad
Serían las seis de la tarde cuando el obeso señor Trackmann entró en su despacho. Los limones esparcidos por el suelo como gotas ácidas de canarios embravecidos; los semáforos desvencijados y arrancados de cuajo dispuestos en cruz sobre los anaqueles de libros como crucifijos multicolores; los matraces intactos colgando del artesonado del techo como lágrimas de laboratorio; los pífanos incrustados en las paredes como puñaladas ardorosas. Las dobleces de corazón y el lado oscuro del alma del señor Trackmann lo habían conducido a esta situación. Su vida era hasta entonces un continuo deambular por las almenas de la procacidad, de la insidia magna, de la tiranía ilimitada. La sed de su sevicia necesitaba trasegar ríos de sangre inocente para ser calmada. El señor Trackmann era muy malo. “Trackmann” significa en alemán, en su primera acepción, “poseedor de una notable maldad”. En su segunda acepción significa “el que con dos celemines de estiércol reforesta dos estadios de pinsapos reales en noche de luna llena”. “Trackmann” no tiene tercera acepción, es una palabra sin acepción tercera, como yo.
21. Vitriolo de estaño
Éramos once los convocados a la reunión. Cada uno con su cosechadora Rickman B-142 en su versión reformada. Todos con nuestro atuendo habitual de trabajo y nuestra escarapela bien visible. Todos con las nalgas prietas de pura tensión nerviosa. Por la ventana penetraba el aroma de los alhelíes y los melones. También penetraba por la ventana el presidente del comité de festejos, pero de manera equivocada. Este señor, nacido en Ostende y criado en una floristería de Túnez, intentaba socavar el honor de la hija de Vargas el tabernero, que vivía dos casas más allá de aquélla en la que estábamos celebrando nuestro siniestro conciliábulo agrícola. El rumor de las olas y la algarabía de los pelícanos y gaviotas no se oían, no penetraban por ventana alguna. Un sinfín o un sin fin o un sifn in o un sinn fein de libélulas castrenses sí penetraba en formación por la ventana. Al final optamos por cerrar la ventana. Informamos al presidente del comité de festejos de lo que allí se cocinaba, le pareció óptima nuestra asamblea y los fines que pretendíamos conseguir con ella. Se le rellenó la ficha de ingreso, extendió un cheque con la cuantía de la cuota y quedó admitido como socio de pleno derecho. Más tarde, la luna iluminaba los campos, la noche se extendía como los presagios y unas alas nerviosas de murciélagos despavoridos arañaban por aquí y por allá la tenue neblina que se iba alzando desde la superficie del pantano.
20. Resonancia magnética
El explorador Mungo Park, escocés de profesión, descubrió que al sur del río Zambeze las almas de los negros que allí habitaban tenían forma, y se veían a una distancia de dos coma cinco (2,5) jukis. Algunas almas eran ovoides y azules como ciertos huevos de pascua, otras eran vermiformes, largas, serpenteantes y negras como mambas de pozo, y otras eran semejantes a pequeñas capillas cistercienses pero más tendenciosas. La tribu de los Xixi estaba en lucha perpetua con la tribu de los Xuxu. Nadie pudo explicar al explorador con falda y gaita, mostacho prominente y ojos verdes la causa de esta guerra sin fin, aunque comenzó a sospecharlo cuando acudió a la fiesta de bienvenida que ambas tribus le tributaron en una tregua pactada ante el hecho insólito de su llegada. Su esposa, Clarissa, pertenecía al coro de la congregación cuáquera de Birmingham y entonó en el acto festivo un popurrí de melosos himnos compuestos por el reverendo Morton, acompañándose para la ocasión con las notas de su vieja vihuela, instrumento medieval del que la dama era una consumada experta. Ella también comenzó entonces a sospechar la causa de las enconadas disputas inter-tribales aquella luctuosa noche.
19. Mi Do Sol Fa Sol Do Mi
Si miran a la derecha verán una bandada de alcaravanes solteros que emigran, como todas las primaveras, a lugares de mayor disipación y deturpación moral. Si miran a la izquierda quizás puedan entrever entre la maleza oscura de sus cabellos el verde frondoso de sus ojos y el fragor de sus pestañas. De frente nos damos de bruces con la sinoplia atemperada de las huestes alcalareñas en su rito iniciático. Cuando lleguemos de regreso al hotel no olviden las damajuanas en el portaequinoccios. Tienen toda la tarde libre para realizar las últimas compras. Mañana embarcaremos a las 8 AM en el buque “Ombuc” que nos llevará, a través del río, a los más deslumbrantes manglares de la jungla hasta llegar a la desembocadura, donde ejecutaremos al azar a uno de los pasajeros de primera clase. El horario de las clases de gallego se anunciará por los altoparlantes del barco. Al carecer éste de restaurante, se les entregará a la entrada una bolsa pic-nic cedida por el hotel. El menú consta: de primer plato, anos de lobo en salsa alemana; de segundo, delicias de pejepalo; y de postre, nada. A la llegada a la ciudad de Thornsville serán alojados en el Episcopalian Inn. Allí volveremos a vernos. Disfruten.
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