28. Microgramas


          Buenas tardes. Mi nombre es impronunciable, así que sería una pérdida de tiempo para mí y para ustedes el conocerlo. Ni yo mismo puedo pronunciarlo con una mínima corrección. Mis padres no podían llamarme, aunque lo intentaban con denuedo varias veces al día, y yo, claro está, no acudía porque aquel amasijo de sonidos gorjeantes no era capaz de asimilarlo con la idea que tenía de mi persona. Ellos no recordaban el origen de mi nombre, ellos no recordaban el día del bautizo, ellos no recordaban qué miembro de la familia fue al registro. Ante el espejo me observo cada día y cada día tengo más aspecto de llamarme Casimiro Martos de la Braña, pero ni por asomo ésos son los apellidos de mis padres. Sé que ése debería ser mi nombre y no el que tengo. Creo estar entrando en la vorágine de una depresión originada por esta crisis que podríamos llamar “nominal identitaria”. No sé lo qué hacer. Si a ustedes se les ocurre algo, por favor, no dejen de ponerse en comunicación conmigo. Mis señas están impresas en el interior de la tapa de todos los botes de caldo concentrado de carne Bovril®.

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