2. Estudios aeronáuticos


          Simpatizo con las cotorras de Manila. No simpatizo con Morgan Freeman padre. A veces simpatizo con Ferdinand Musátegui, esclarecedor de nenúfares en la margen izquierda del Dniéper. Sin embargo, cuando llego a Hipona y me entero de que en esa ciudad ejerció San Agustín su pastorado, me entra un ligero cosquilleo entre las vértebras 3ª y 4ª lumbares, las denominadas vértebras sarracenas (conocidas así por su exquisito gusto para decorar los lupanares de Coimbra). Del cosquilleo paso a la más aguda de las tristezas, sólo comparable a la que me producen los mendigos de la Avenida Michigan de Chicago, ciudad que no he visitado nunca pero a la que, no obstante, sí he recibido varias veces en mi residencia de verano, cerca de Troya. Las medias de seda las dejo para ciertos eventos más proclives a la salacidad de los catetos del Pirineo. A ellos, que manejan dinero a espuertas, se las pongo a 11 euros la docena y las pagan sin rechistar. Luego, se las regalan a las brujas cuévanas del Paralelo y con ello se creen que ganan las bulas papales prometidas a sus ancestros. ¡Inocentes! No saben que los papas antiguos eran mendaces como los colibrís escarnecidos por la molicie del Loro Juan.

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