Tomemos posiciones con el disimulo que nuestra superioridad intelectual nos presta, con la distinguida prestancia que nuestro elegante pensamiento nos proporciona y con la sutil perspicacia que nos otorga nuestro emblema de clase. La piedad de los normandos no es la piedad de los sajones. El blasón que nos envuelve nos protege pero, a la vez, nos impele hacia los actos más valerosos y prudentes. Huyamos de astrólogos y nigromantes, de los ritos órficos y feéricos de las brujas que nos asolan. Porque la piedad de los normandos no es la piedad de los sajones. Si con nuestros hechos probados y acendrados en el crisol de la bondad caballeresca no merecemos las loas de nuestros mayores, si con el temple acerado de nuestra castidad sin fisuras y nuestro ardor no exento del látigo de la pasión no conseguimos conquistar las alturas iniciáticas de una justa beatitud, es que el Todopoderoso mira para las frondosas copas de los pinos de otra senda, y entonces seremos nosotros los que habremos permanecido en la senda equivocada. Porque la piedad de los norjones no es la piedad de los samandos.
40. Exposiciones
Tomemos posiciones con el disimulo que nuestra superioridad intelectual nos presta, con la distinguida prestancia que nuestro elegante pensamiento nos proporciona y con la sutil perspicacia que nos otorga nuestro emblema de clase. La piedad de los normandos no es la piedad de los sajones. El blasón que nos envuelve nos protege pero, a la vez, nos impele hacia los actos más valerosos y prudentes. Huyamos de astrólogos y nigromantes, de los ritos órficos y feéricos de las brujas que nos asolan. Porque la piedad de los normandos no es la piedad de los sajones. Si con nuestros hechos probados y acendrados en el crisol de la bondad caballeresca no merecemos las loas de nuestros mayores, si con el temple acerado de nuestra castidad sin fisuras y nuestro ardor no exento del látigo de la pasión no conseguimos conquistar las alturas iniciáticas de una justa beatitud, es que el Todopoderoso mira para las frondosas copas de los pinos de otra senda, y entonces seremos nosotros los que habremos permanecido en la senda equivocada. Porque la piedad de los norjones no es la piedad de los samandos.
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