Lamento pensar en las sirenas que aturden esta tranquila mañana de verano. Los policías, sanitarios y bomberos, inmersos en ellas durante las décadas de su vida laboral, experimentan en el momento de su jubilación ciertas atrofias corticales mínimas, pero que les obligan a desarrollar determinadas conductas patológicas, a mostrar frecuentes actitudes anómalas que paso seguidamente a referir. El policía, a partir de los sesenta años, no puede pronunciar la palabra "altramuz", y presenta una urticaria de muy difícil tratamiento al oír la palabra "espárrago". Un conductor de ambulancias jubilado comienza a sentir un odio injustificado por la literatura uruguaya y, en general, por todo lo guaraní. El bombero retirado, a su vez, sufre un exceso de salivación (sialorrea) cuando acude a cualquier tablao flamenco, o cuando se halla en presencia de obispos extremeños. Estos hechos, constatados en diversos estudios de campo, son meramente observacionales, no habiéndose obtenido, hasta el momento, ninguna relación causa-efecto. Yo, que soy médico de Protección Civil y tengo sesenta y cuatro años, veo con claridad todas las tardes, a la hora del crepúsculo, a San Felipe Neri haciéndome la cena en la cocina con un delantal de la Expo’92. Noto, además una cierta e inexplicable atracción por las gusanas de Adviento.
42. Todos culpables
Lamento pensar en las sirenas que aturden esta tranquila mañana de verano. Los policías, sanitarios y bomberos, inmersos en ellas durante las décadas de su vida laboral, experimentan en el momento de su jubilación ciertas atrofias corticales mínimas, pero que les obligan a desarrollar determinadas conductas patológicas, a mostrar frecuentes actitudes anómalas que paso seguidamente a referir. El policía, a partir de los sesenta años, no puede pronunciar la palabra "altramuz", y presenta una urticaria de muy difícil tratamiento al oír la palabra "espárrago". Un conductor de ambulancias jubilado comienza a sentir un odio injustificado por la literatura uruguaya y, en general, por todo lo guaraní. El bombero retirado, a su vez, sufre un exceso de salivación (sialorrea) cuando acude a cualquier tablao flamenco, o cuando se halla en presencia de obispos extremeños. Estos hechos, constatados en diversos estudios de campo, son meramente observacionales, no habiéndose obtenido, hasta el momento, ninguna relación causa-efecto. Yo, que soy médico de Protección Civil y tengo sesenta y cuatro años, veo con claridad todas las tardes, a la hora del crepúsculo, a San Felipe Neri haciéndome la cena en la cocina con un delantal de la Expo’92. Noto, además una cierta e inexplicable atracción por las gusanas de Adviento.
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