43. Unto de yak


          Entre tú y yo sé que hay un abismo de besos inexistentes. Entre tú y yo sé que sólo hay un espacio físico que suele cubrirse con este tipo de frases tristes, tristes, pero tan hermosas... ¿verdad? Los claroscuros de tu mirada me dan cada día el misterio antiguo del cine mudo. La verdad de esos labios limpios dibuja la silueta de sonrisa de tu alma. Es así como aventuramos los poetas, con palabras impregnadas de otras palabras, apenas ensambladas alguna vez. A veces decimos nada con un estruendo de metáforas y, a veces, decimos todo con dos tímidos bisílabos. Las correntías de los minutos en una tarde de domingo nos calan a los poetas como monzones primaverales. Los poetas nos morimos en domingo, casi siempre, y casi siempre por la tarde. A los poetas no es que nos guste morirnos, no es que no le tengamos miedo a la muerte, es, simplemente, que consideramos una tarde de domingo algo mucho peor, más inhóspito que la propia muerte. Esto ha sido siempre así y queda registrado en varios idiomas y multitud de dialectos.

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