49. Juventudes enfrentadas


          Se necesitan seminaristas turbulentos (es un decir) pero repele la idea contraria. Este pensamiento es mío y binario. Su lateralidad consiste en temer a nuestros mayores mucho más que antes de nacernos. La meticulosidad con que absorbemos las humedades del alma ajena, exactamente esa meticulosidad, es la que no ejercitamos cuando tronamos por las galerías. Las jarcias del canto anamórfico seducen las atmósferas conventuales. Labriegos son suficientes con los que tenemos, ahorcados tenemos los justos para pasar el domingo y qué decir de la muda comba con que fuma sus vegueros el Gordo Perico. Ahora saben más las nécoras en el pecho de la mora desvencijada, su sabor es el más salvaje que se pierde por los rascacielos de Túnez. Ahora necesito de la complacencia de T*** para poder otorgar la frontera a quien la supure con más ahínco. Es tenaz el bellaco, ya lo creo. Su oriente nevado es de Angulema y su relicario es tan precoz que ya no canoniza la larva en vapor lacustre. ¡Qué dicha ésta!

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